¿Qué nos pasa con la edad? Además de hacernos viejos y de tener mil y un achaques que nos impide cada vez realizar más cosas, también poco a poco vamos perdiendo nuestra capacidad de asombro.
Jostein Gaarder dice en su libro "El Mundo de Sofía" que para ser buenos filósofos únicamente necesitamos capacidad de asombro. Algo tan simple como sorprendernos de las cosas sorprendentes. Pero, ¿qué es algo sorprendente? ¿qué debe tener algo para lograr asombrarnos? ¿qué te hace a ti concretar toda la atención?.
Para los recién nacidos lo sorprendente es TODO. Después de nueve meses salen a una realidad totalmente nueva en el que absolutamente todo les es desconocido, y donde necesitan ver pasar delante suya el mismo objeto quince veces para que deje de asombrarlos. Para los mayores esta actitud parece aburrida. Cuando un niño no deja de repetir el mismo gesto señalando algo que le es desconocido, le mandamos estarse quieto.
¿Por qué?
Ya tenemos asumidas las cosas como son, y pensamos o queremos pensar que nada nunca cambiará. Por ejemplo, sabemos que el sol saldrá mañana por el mismo sitio por el que salió ayer, y q se pondrá exáctamente por el mismo lugar. Pero, ¿podemos estar seguros de eso?. Quizás a partir de mañana decida salir cada dos días, o quizás ya no salga nunca más.
Por otra parte, a todo el mundo le asombraría ver volar a una persona, pero ya a nadie le asombra que el planeta Tierra esté flotando en el espacio. Conocemos la ley de la gravedad ¿no?. Las personas no pueden volar...
Según nos hacemos mayores vamos habituándonos al mundo tal cual es, vamos perdiendo algo esencial que tuvimos incluso antes que la capacidad de pensar, y por supuesto mucho antes que andar o hablar.
Tenemos que volver a preguntarnos todo. Estamos todavía muy lejos del saber universal y definitivo. Tenemos que intentar no aceptar lo que nos digan, y tratar de reflexionar nosotros.
Pero, es mucho más fácil preguntar que responder, ¿no?