martes, 1 de mayo de 2007

Hoy, es el primer día del resto de mi existencia. Ayer decidí que hoy iba a ser distinto, y lo es. Por fin todo quedó atrás, como queda el tiempo. Siempre que miraba un reloj, me decía a mí mismo, que un segundo que pasa, es un segundo que no volverá jamás. Y hoy ya no voy a usar el reloj nunca más, no lo voy a necesitar. Se acabaron el estrés y las prisas, aunque quizás uno sea consecuencia del otro, o el otro del uno. La verdad es que tarde o temprano todo tenía que cambiar, un día te despiertas y sabes que tiene q ser así, que la vida tal cual está, deja de tener sentido para ti, y deseas que cambie todo. Miras al cielo y le pides a Dios o a quien nos guíe, que por favor cambie todo. Le rezas quizás como última esperanza, pero lo haces en vano. Yo creo, que ni el mayor ateo de la historia se resistiría a no pedir perdón por sus pecados justo antes de morir. El miedo marca nuestras vidas e incluso nuestra muerte, nos hace comportarnos de un modo que incluso nos sorprende, nos hace hasta llegar a apoderarnos de una vida y acabar con ella, aunque esa vida sea la tuya propia.
Hoy, 30 de junio, estoy aquí sentado viendo mi propio entierro. Sabía que no iba a venir nadie a darme el último adiós, y así ha sido. Tenía familia, sí, pero ni se han enterado de mi muerte.
Tenía mujer y un hijo, pero hacía dieciocho años que no lo veía. Mi mujer me dejó y desde entonces no sabía nada de ellos.
Quizás por vergüenza, decidí en ese momento abandonarlo todo y marchar a vivir a otro lugar. Lo tuve todo y ahora no tenía nada, ¿cómo iba a enfrentarme a mis padres, a mis amigos, diciéndoles eso?. Me resultó imposible de afrontar, y decidí, tras asumirme en mis pensamientos, escapar.
En mi nueva vida, sentí que todo estaba vacío, todo era un sueño que nunca he tenido y que quizás no desees tener, y puede ser por eso por lo que nunca he sido tan feliz como entonces. Me comportaba como nunca lo hubiera hecho anteriormente. Me había permitido forjarme una nueva infancia, una nueva juventud y una nueva personalidad. Había conseguido creerme mi propia mentira y ya la actuación tomaba un cariz de realidad que ni la vida misma.
Pero de pronto, mi mente se despertó. Deseaba con locura incontenida volver a mi vida anterior. No dormí durante días, y la primera noche que conseguí hacerlo, tras despertar, supe que al día siguiente nada podía ser igual, iba a terminar con la farsa.
A las amistades que forjé durante mi época de cambio, les conté todo. Nadie lo tomó bien y me dieron la espalda.
Al volver a mis orígenes, todo había cambiado. Mis padres habían muerto. Mi madre murió al poco de marcharme, de pena, y mi padre de una larga y dolorosa enfermedad. Al ver a mi hijo, no lo reconocí, y él a mí tampoco. No me reconoció como padre, no quería saber nada de mí.

Tuve dos vidas distintas, y no he muerto para nadie. Aquí, sentado, sabiendo que corre el viento, que el sol calienta, pero sin sentir nada, no me arrepiento. Ayer decidí que hoy todo cambiaría, y así a sido.